Los mejores consejos para la distribución de las responsabilidades en la familia

Los mejores consejos para la distribución de las responsabilidades en la familia

¿Quién debe llevar el mayor peso de las tareas cotidianas del hogar? ¿Los niños también deben colaborar y tener unas obligaciones dentro de la casa? ¿Cómo repartir las responsabilidades?

Los mejores consejos para la distribución de las responsabilidades en la familia
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Decidir empezar a formar una familia (con o sin hijos), si bien por un lado puede generar mucha ilusión, por otro puede ocasionar altos niveles de estrés debido a las nuevas reglas y costumbres que son indispensables que se produzcan para lograr una convivencia saludable. Estos niveles elevados de estrés se deben al cambio que representa vivir con alguien diferente a uno, con hábitos y formas de ver el mundo particular y único. Pero como todo gran cambio, las personas pueden ir ajustándose poco a poco en la medida que flexibilicen sus estilos y tengan disposición de crecer y funcionar como un gran equipo.

Pongamos un ejemplo. Si pensamos en el equipo de un deporte como el fútbol, todos los jugadores tienen un impacto en los resultados, podremos ver que algunas veces uno destaca más que el otro, pero si no se integran, comunican, apoyan y alientan entre sí, lo más probable es que el resultado no sea el deseado. En una pareja que decide formar una familia ocurre algo similar, en el sentido en el que a veces uno tendrá más incidencia que el otro en las decisiones. En otras oportunidades pesará igual las elecciones de ambos; cuando uno caiga, el otro lo puede levantar; pero todo desde el objetivo de conseguir el resultado que la FAMILIA necesita.

Muchas de las personas no tardan en expresar que unos de sus inconvenientes cuando viven con alguien es la organización, la responsabilidad y el cumplimiento de acuerdos, diferencias que nacen por ser personas con historias de vida distintas y que, aunque en ocasiones lleva a la pareja a replantearse la idea de continuar con la convivencia, puede superarse con comunicación y paciencia en uno mismo y el otro.

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Cabe resaltar que no es malo hacerse este cuestionamiento, pues se puede convertir en el combustible que se requiere para desplegar una serie de acciones que contribuyan con la armonía de la familia. Se vuelve un inconveniente cuando por miedo o desconocimiento, se transforma este tema en determinante para continuar o no con la relación y no se dan la oportunidad de evaluar los recursos y habilidades para buscar, junto con su pareja, alternativas de solución y que la relación tome el camino que esperan.

Cuando en consulta surgen estos temas, tratamos de explorar en la persona su expectativa hacia su relación de pareja así como de la convivencia, y en muchas relaciones las expectativas superan a la pareja. Estas expectativas, idealizaciones, anhelos es lo que contribuye a tener una visión sesgada o engañosa de la realidad del compañero/a, y que no necesariamente esta realidad sea mala, sino que solo es diferente. Si algo de eso ocurre, es de gran utilidad abordar de forma general los aspectos de vida de cada uno, identificando recursos, experiencias pasadas, mensajes instaurados desde la infancia, conocer la familia de precedencia así como las costumbres y expectativas que han generado en la persona; ello permitirá tener una mirada más clara de las necesidades e instaurar los medios más adecuados de solicitarlo, sin presión, exigencia, condición, manipulación y demás, que lo único que provocan es la resistencia y la negación hacia el problema.

Ahora bien, teniendo en claro lo descrito anteriormente, para ir con los pies en la tierra y no con ideas de unicornios respecto a la construcción de una familia, pasemos a ver qué se puede hacer para que la distribución de las responsabilidades no se vuelva una bomba de tiempo para las personas:

1. Un reparto lo más equitativo posible genera relaciones interpersonales más saludables, y por tanto, placenteras. Esto quiere decir que el reparto debe hacerse entre todos los miembros de la familia, incluidos los hijos, adaptándonos a su edad y circunstancias, pero considerando además las horas adicionales invertidas en actividades externas como trabajo, ocio, clases, etc., así si un miembro de la familia trabaja fuera 4 horas y el otro 8 horas, el reparto de tareas debe tener esto en cuenta.

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2. Elegir un momento de la semana en el que están más relajados, sin prisas y con buena disposición, para así tal vez crear una lista, con la relación de todas las tareas que son necesarias de hacer.

3. Hacer una repartición inicial de estas tareas e implementarlas, como todo buen trabajo, al inicio saltarán los errores y disconformidades en los miembros, pero que más allá de traer conflictos y tensiones, servirá de prueba sobre la que se irán haciendo los ajustes hasta perfeccionar la distribución. Para ello, una vez hecha la lista, cada miembro de la familia puede escoger lo que le gusta y lo que no de forma individual y luego negociar con los demás integrantes, desde la comunicación amable, respetuosa y con apertura.

4. En caso la pareja tenga hijos, las tareas que impliquen pasar tiempo con los hijos se repartirán de forma similar para garantizar que el tiempo que se pasa con ellos sea igualitario.

5. Para la distribución económica no hay una forma única, pero se sugiere que se haga desde el enfoque del equipo, así si uno gana “x” monto y el otro “y” monto, pueden destinar un monto fijo que vaya a una especie de pozo en común que servirá para cubrir las responsabilidades financieras de la familia, otros optarán por una repartición proporcional a sus ingresos, no importa el medio que empleen, la consigna debe ser siempre lo mejor para el equipo.

Finalmente, recordemos que las parejas que deciden estar juntas vienen cargando, figurativamente, una mochila con ellos y allí traerán todas sus experiencias pasadas, buenas y no tan buenas, frustraciones, traumas, expectativas; pero también traerán emoción, aventura, interés y ganas de que los sentimientos por su pareja se fortalezcan y crezca. No olvidemos que su peor enemigo es la idea que el amor todo lo puede, no señores el amor no limpia la casa, ni lava los platos, ni ordena el cuarto… quien lo consigue es su voluntad y compromiso. Si quieren que funcione, hay que trabajar en ello.

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